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La curiosidad y el gato: “¿qué se sentirá?”



Te invito a que juguemos con la Imaginación:


Escena 1: “El cosquilleo interior”

Imagina que tienes 16 años Viernes, 11 de la noche. Hay música, risas, y alguien saca algo de su bolsillo. Te mira y dice: “¿Quieres probar? Relaja”.

En ese segundo, tu cuerpo siente un cosquilleo. Se llama curiosidad. Es el mismo impulso que te hizo meter el dedo en el enchufe a los 4 años, desarmar el control remoto a los 8, y besar a alguien por primera vez a los 14. Es tu superpoder de fábrica. Gracias a ella.. salimos de las cavernas y llegamos a la luna.

La curiosidad no es buena ni mala, es un impulso natural que nos mueve hacia algo . Sus resultados pueden ser propicios o no .Es pólvora. El tema es dónde la prendes.


Escena 2: " La insensatez de la juventud"

Ahora entremos a tu cabeza. A los 16, tu cerebro es como una casa en construcción. El salón de fiestas, que busca placer, novedad y recompensa inmediata, ya está terminado y con luces de discoteca. Funciona a 1000

Pero la oficina del gerente, la corteza prefrontal, la que calcula riesgos, mide consecuencias y dice “mejor no”, todavía tiene los andamios puestos. Termina de construirse cerca de los 25 años. Por eso sientes que puedes comerte el mundo y que nada malo te va a pasar. Es biología, no capricho.

Por eso la insensatez de la juventud como diría el l ching y la curiosidad están más unidas y chispeante que nunca. Sumas rebeldías, inseguridades,ganas de ser distinto a tus papás, y

la presión de no quedar como “el fome” del grupo. Ese cóctel es el momento favorito de la adicción para tocar tu puerta.


Escena 3: “A mí no me va a pasar”

Volvamos a la fiesta. “¿Qué se sentirá?”, te preguntas. “Una vez no hace nada. Yo controlo”.

Esa frase la dijeron todos los que hoy están en rehabilitación. La adicción no avisa. No manda un correo diciendo “Hola, en 6 meses vas a necesitarme para levantarte de la cama”. Es una enfermedad del cerebro que te quita la capacidad de parar, aunque veas el daño.

Importante destacar que No todos los curiosos que consumen se vuelven adictos. Pero el riesgo es real y cambia según qué pruebes. En Chile, de las personas que consumen: Marihuana: 20.3% desarrolla consumo problemático o dependencia.

Cocaína: 37.9%. Pasta base: 54.8%. Más de la mitad.

Fuente: Estudio en población chilena 2016. Y mientras más joven empiezas, más sube la probabilidad de que el consumo escale a adicción, porque tu cerebro aún está aprendiendo a decir que no.


Escena 4: “Cómo cae el gato”

La primera vez, tu cerebro dice “wow”. Libera dopamina a chorros. Anota: “Esto = placer rápido = repetir”.

El problema es que sustancias como la nicotina, el alcohol, la coca o el fentanilo secuestran ese sistema de recompensa. Con el tiempo necesitas más para sentir lo mismo, y después las necesitas solo para sentirte normal. Ahí ya no decides tú. Decide la sustancia.

Por eso el dicho “la curiosidad mató al gato”. No lo mató por preguntar. Lo mató por meter la cabeza donde no debía, sin mirar antes si había una trampa.


Escena 5: ¿Y entonces matamos al gato?

No. Si matas la curiosidad, matas lo que te hace humano. Sin ella no hay arte, no hay ciencia, no hay primeros amores ni viajes improvisados.

La prevención no es decirte “no seas curioso”. Es enseñarte a elegir mejor las puertas.


3 psico-tips para una curiosidad protegida “con casco”

  1. Busca intensidad sana: Tu cerebro quiere dopamina. Dásela. Skate, música a todo volumen, teatro, trekking, aprender a programar, enamorarte. Que la adrenalina venga sin químico.

  2. Si la curiosidad te empuja a algo riesgoso, dile “ya, pero mañana”. La urgencia baja. Le das tiempo a la oficina del gerente (cerebro) para que opine. ..por qué …Contar hasta 10 si sirve, el 90% de las veces, al día siguiente ya no se siente tan urgente. Pasamos del sistema límbico  :emoción pura al neocórtex :pensamientos acá razonamos .

  3. Cambia el “¿qué se sentirá…?”: En vez de “¿qué se sentirá drogarme?”, prueba con “¿qué se sentirá ganarme solo, sin nada externo, la mejor noche de mi vida?”. La respuesta asusta menos cuando tú tienes el control.


La elección del gato

Todos somos un poco ese gato en la juventud: ágiles, valientes, con siete vidas por delante. La diferencia entre un gato que vive sus siete vidas y uno que se queda en la primera, está en dónde mete la nariz. Explorar el mundo es nuestro derecho. Quedar atrapado en un laboratorio químico del que nuestro cerebro no nos deja salir, es una exploración que puede convertirse en una condena.


La curiosidad es tu motor. Úsala para construirte, no para romperte. Porque la pregunta nunca fue si ibas a ser curioso. La pregunta es: ¿en qué vas a usar esa chispa que te hace estar vivo y descubrir la vida.


Ps Mg María Roxana Vega A

Directora terapeuta Centro Walnut.

 
 
 

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