El miedo heredado y el entrenamiento de la valentía ( 2ª Parte)
- admiwalnut
- 26 nov 2025
- 3 Min. de lectura

Cuando hablamos de miedo, casi siempre pensamos en algo que “nos pasa”: un evento externo, una situación complicada, una decisión que nos tensiona. Pero pocas veces miramos el miedo como algo que cargamos. Como una mochila tejida con hilos de nuestra historia, que no siempre son nuestros, pero que igual llevamos. Nuestra historia personal esa trama íntima de experiencias, silencios, afectos y heridas nos moldea más de lo que creemos. Y, sin darnos cuenta, vamos armando defensas. Capas. Caparazones. Corazas que cumplen un rol muy noble: protegernos del sufrimiento. El problema es que esa misma coraza que un día nos salvó, ahora muchas veces nos inmoviliza. Y seguimos respondiendo como ese niño o niña de 5 años de edad…Pero con un cuerpo de 40 años. Piensa un poco en esto cuando frente a un nuevo desafío de la vida ..
No nos atrevemos No actuamos.*No decidimos.*No amamos.*No cambiamos. Y lo más complejo: creemos que esa voz es nuestra, cuando en realidad esta teñida de mandatos familiares, ecos antiguos que llegan de nuestros padres.. abuelos y asi hasta Adan y Eva...ufs!!
Porque el miedo también se hereda. A veces viene de generaciones atrás. Quizás tu abuela se lo transmitió a tu madre en forma de advertencias; tu madre te lo entregó envuelto en cuidado; y tú, niña o niño, lo recibiste como una verdad absoluta. ¿Cómo no creer si es la persona que te cuida, dependes de ella para sobrevivir. Aprendiste también mirando como actuaban tus padres, como enfrentaban sus desafíos , que escuchaste, que te decían , de diversas maneras el mensaje te llegaba sin escapatorias….Así se construyen las creencias: íntimas, profundas, incuestionadas. Como verdades absolutas.
El mundo se vuelve entonces un lugar donde “hay que tener ojo”, donde “es mejor no moverse mucho”, donde “más vale quedarse donde uno conoce”, donde “equivocarse es peligroso”. Y cada una de estas frases algunas jamás dichas en voz alta se transforman en los ladrillos emocionales de nuestra personalidad.
Pero aquí viene la noticia luminosa: la valentía también se puede entrenar…El adulto imagina un mundo distinto al transmitido por sus padres, sobre todo, los que te limitan tu libertad de expresión, creatividad, expansión.
No es un talento reservado para héroes, ni una cualidad innata. Es una práctica. Una decisión. Un músculo emocional que se fortalece con cada pequeño acto donde eliges confiar en ti.. y no en los mandatos, reglas o lealtades familiares, que aun que te cueste entender muchas no estaban echas para satisfacer tus necesidades y deseos, si no para perpetuar el sistema familiar .Entonces y aunque todavía tiembles por el miedo, te animas y zaz… la magia comienza. Entrenar la valentía no significa eliminar el miedo. Significa aprender a caminar con él sin dejar que dirija la ruta.
Significa escuchar tu inteligencia interior , esa sanidad brillante que postulaba jung ,esa brújula sabia que todos tenemos, aunque a veces la tapemos con ruido, dudas y viejas creencias heredadas . Aunque no tengas garantías. Aunque el resultado sea incierto. Aunque la incertidumbre te roce el alma…Te atreves a seguirla. Porque cada vez que eliges el movimiento por sobre la parálisis, algo dentro de ti se expande. Y ese pequeño gesto va escribiendo una nueva historia. Una historia donde tú decides qué miedos se quedan… y cuáles ya no te sirven. La valentía no es ausencia de miedo: es libertad frente a él….
MgPs Maria Roxana Vega A. Directora terapeutica Centro Walnut- Especialista en ansiedad, trauma y mindfulnerss.




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